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¿Qué siente el doliente ante sus muertos?

¿Qué siente el doliente ante sus muertos?

toda expresión de la muerte ysentir sobre nuestros muertos dependerá, en gran medida, de la concepción
cultural, histórica y religiosa que se tenga respecto a aqué lla. pone de manifiesto que en la civilización urbana se
habitúa a nuestros contemporáneos a no hablar de la muerte. Se muere mucho
menos en la propia casa y más en las clínicas o en el hospital. Prácticamente ya
no se vela a los difuntos como en antaño. Ya no hay velos negros en la cabeza de
las mujeres.
La presencia de coches fúnebres a gran velocidad por las calles de la
ciudad es lo más normal. Pareciera que al desarrollo urbano le molestase tener un
espacio para la muerte y, por ende, para los muertos. poco a poco los muertos dejan de existir. Es la gran
exclusión. Son arrojados fu era de la circulación simbólica del grupo: no son seres
protagonistas, compañeros dignos del intercambio, son proscritos cada vez más
lejos del grupo de los vivos, de la intimidad doméstica al cementerio, arrojados
cada vez más lejos del centro a la perife ria y luego a ninguna parte como en las

ciudades nuevas o en las metrópolis contemporáneas, donde nada ha sido
previsto para los muertos, ni en el espacio físico ni en el mental” .reitera que sólo los muertos están desprovistos de una
estructura que los acoja dignamente en las ciudades nuevas. Se convierte, así, su
estancia en inencontrable.

Pareciera una anomalía dentro de la ciudad. Es la
negación de cualquier simbología mortuoria, de la muerte misma. Sin embargo, en
el mundo rural la muerte es todavía un acontecimiento local y familiar. Allí no se
carecen de medios para domeñar el sufrimiento y la muerte. Los sentimientos que
afloran en el momento de saberse la muerte de un ser querido son mostrados sin
ningún tapujo o prejuicio.

Desde el punto de vista psicológico, se denomina desconsuelo al
sentimiento que surge en los dolientes cuando pierden a un ser querido. que este sentimiento pasa por cinco fases:
a.- Aflicción anticipatoria: al existir la preocupación por otra persona, cabe la
posibilidad de que se preocupe de su posible pérdida, es decir, de su propia
muerte. Es el autoconocimiento de una realidad latente: la propia finitud.

Pena: es una falta de actividad absoluta ante la ansiedad y la negación por la
pérdida de una persona .

Depresión: después del desconsuelo agudo, aparece una aflicción, melancolía,
agotamiento e insomnio. Se suelen dejar las pertenencias del muerto sin tocarlas,
como esperando que vuelva.

Soledad: existe una relación directa entre lo que se siente con lo que se hace,
es decir, ropas de luto y funerales emparejados con la aflicción y depresión
agudas. El comportamiento dependerá de las pautas sociales impuestas en el lugar.
Alivio y resolución: terminaría el desconsuelo en el momento en que la persona
vuelve a ser operativa y productiva con respecto a sus actividades normales. Cada
sociedad determina su propia forma de desconsuelo y el período de pena
aceptable.

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